Lpgc, 31 de enero de 2017

Aún estoy impactada, he visto experimentos de esta índole en varias ocasiones y no puedo evitar sorprenderme una y otra vez, como la primera vez.

        << Un menor, después de horas expuesto al gélido frío de las calles de Nueva York, pide ayuda llevando únicamente una camiseta, un jeans y calcetines; es una calle muy transitada y son muchas las personas que pasan sin ni siquiera dedicarle una mirada. Y es la persona que menos podéis imaginar quien único se para a ayudarle.

Sólo un sin techo se acercó a socorrer al menor y le ofreció su chaqueta, algo de dinero, consuelo y una abrazo…, demostrando una calidad humana inmensurable.

Los dos hermanos del chico se acercan y le explican a este señor que el joven era su hermano y que no vivía en la calle, que querían comprobar que sucedería y que él era la única persona que se acercó a socorrer al joven que creía en apuros. El señor estaba sorprendido y cuando los chicos le dieron una cantidad considerable de dinero como una ayuda, como la que él le había dado a su hermano, se mostraba emocionado. >> 

http://snatura.com/este-nino-paso-horas-congelandose-en-las-famosas-calles-de-nueva-york-hasta-que-paso-esto-wow-es-increible

¿No os parece increíble que esto continúe pasando?, ¿de verdad que es esto lo que le vamos a dejar en herencia a nuestros menores?, ¿es que casi nadie se ha dado cuenta que sonreír o dar los buenos días es gratis?, ¿que los demás responden mejor a una sonrisa que a un ceño fruncido?, ¿es que a nadie se le ha ocurrido probar que sucede cuando eres amable con otras personas?, ¿es que resulta tan difícil creer que se cazan más moscas con miel que con hiel?.

Me temo que Einstein hizo una definición bastante acertada de una gran mayoría de la humanidad.

Cuando te mueres no sabes que estás muerto, no sufres por ello, pero es duro para el resto. Lo mismo pasa cuando eres imbécil. Einstein.

La primera vez que fui consciente realmente de esto tenía 13 años, estaba en octavo de E.G.B., algunas compañeras decidieron que debían meterse conmigo, ya qué, al parecer les fastidiaba que yo sacara las mejores notas y que los más populares chicos se fijaran en mi. Pues bien, varias de esas chicas necesitaban ayuda con los estudios, y me ofrecí a ayudarlas, aunque creo que ellas no esperaban tal ofrecimiento ni en sus mejores sueños, yo decidí que estaba en disposición de ayudarlas y que el hecho de que ellas intentaran fastidiarme no era una buena razón para pagarles con la misma moneda, el problema al parecer lo tenían ellas conmigo pero sin duda, yo no tenía ninguno con ellas. Quisieron saber por qué yo quería ayudarlas cuando ellas no eran demasiado amable conmigo, y les explique que era tan sencillo como que ellas necesitaban ayuda y yo podía ayudarlas, y que como ni siquiera me caían mal, si querían ayuda se las daría y les aclaré por supuesto qué, cuando aprobaran podrían intentar continuar seguir fastidiarme si eso era lo que querían. Decidieron aceptar, al menos alguna de ellas, otras eran demasiado estúpidas para aceptar ayuda cuando la necesitaban y se la ofrecían.

Les ayudé, aprobaron y yo me sentí bien. Desde el principio, no esperé nada, ni siquiera las gracias, y cual fue mí sorpresa cuando esas chicas cambiaron, y acabaron siendo mis amigas y aun, de vez en cuando, las veo. Hace un tiempo, una de ellas me recordó esto, para ella fue un punto de inflexión en su vida, igual que lo fue para mi. 

Yo aprendí que tenemos el poder de cambiar situaciones, emociones y reacciones en los demás; que una persona por pequeña que sea es capaz de marcar la diferencia; y que me hace sentir mejor ser generosa con los demás que ser huraña y egoísta; que me gusta ser de esas personas que buscan el lado bueno de cada persona que aparece en mi vida; que me gusta la gente que me hace reír; que ser fiel a las personas que quiero no es una obligación sino un placer; que las cosas verdaderamente importantes para mí pocas veces tienen que ver con las cosas que cuestan mucho dinero o que los demás tienen; que la empatía sería para mi una buena compañera de viaje; y que dar los buenos días no es cosa para hacer con quien se supone importante, sino con cada ser humano con quien tenemos la suerte de compartir en este mundo.

El otro día, en psicología de la motivación, hablábamos de como podemos influir de manera positiva o negativa en otras personas; como tenemos poder de influir sobre otros y el poder de utilizar esta influencia de manera correcta. Yo recordé lo que os acabo de contar que me pasó a mi.

Podéis explicarme, cómo si yo entendí esto con 13 años, ¿por qué hay gente que ni lo sospecha a lo largo de toda una vida?

Poco tiempo después empecé a ser activista de Derechos Humanos, y en contra de la pena de muerte. Continuo siéndolo a fecha de hoy. Y hoy en día, soy atea por la gracia de los obispos y curas católicos – tema del que os hablaré otro día – y mi única religión es los Derechos Humanos, mi libro sagrado es la Carta Magna de los Derechos Humanos, y soy republicana, roja, activista y mujer.

Sigue maravillándome como las personas que menos tienen son las más generosas con sus congéneres. Y cada vez estoy más convencida de qué, una sola persona puede marcar la diferencia.

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