Lpgc, 1 de febrero de 2017

De todos los olores que habían en aquel antro, uno sobresalía por encima de todos. De inmediato lo reconocí, era ese perfume que me llevaba hasta el clímax, ese que hacía que hasta el más horrendo de los hombres fuera el más deseable. Tenía que averiguar quien lo llevaba, aunque se me antojaba imposible, el local estaba a reventar y los olores de la sala se mezclaban con los de la cocina donde los fogones trabajaban a todo gas cociendo marisco.

Se desocupó una mesa en la terraza y el camarero nos llevó hasta ella, nos paso las cartas y tomó nota de las bebidas. Entre la muchedumbre de olores y de gentes desapareció. Imaginé que el chico se habría marchado y me resigné a perderlo.

A pesar del ruido de cubiertos, pinzas, platos y voces, el sonido del mar sobresalía ensordeciendo aquel bullicio. Y olvidé ese olor que me volvía loca y siempre conseguía exitarme.

Nos trajeron dos enormes bandejas llenas de nécoras, langostas, vieiras, cigalas y coquinas, y nos pusimos manos a la obra, enseguida se animó la conversación y empezamos a hacer los planes para las vacaciones de verano, que este año habíamos decidido pasarlas todos juntos en una villa junto al mar en una cala apartada de los turistas y los vendedores de helados. Después de varias horas, ya en la sobremesa, me levanté para ir al baño, entré de nuevo en el local y cuando me disponía a entrar en el de chicas, una mano me agarró empujándome dentro del baño de los chicos, cerró la puerta con el pasador, y antes de que pudiera ni decir eh, me cogió por la cintura acercándome hacia él, me colocó un antifaz de seda en los ojos y me beso… con lengua.

Allí estaba yo, sin decir ni una palabra, embriagada con ese olor, con sus manos dentro de mi blusa, su pierna entre las mías y mis bragas húmedas. Me giró, puso una mano en mi espalda empujándome hacia adelante y con su otra mano pegó mi culo a él, y allí estaba, una erección descomunal. Y sin más preliminares se me acercó y me susurró: “quiero estar dentro de ti y voy a follarte”, y sin darme tiempo ni a pensarlo, metió su enorme y erecta polla dentro de mí con toda la fuerza de la que pudo hacer acopio, sentí como me rompía por dentro, pero no quería que parara, cada embate era más fuerte que el anterior y me hacía gemir de dolor y de placer, hasta que sólo gemía de placer. No quería que aquello acabara nunca. ¿Pero que me estaba pasando?, estaba follando con un desconocido en el baño de chicos de un local cutre que sirve buen marisco, y lejos de querer parar aquello, sólo quería que no dejará de follarme, y me daba igual que fuera un desconocido. Antes de que él se corriera yo ya me había corrido dos veces y estaba a punto de correrme otra vez, y esta vez lo hicimos juntos, y el gritó mientras me llenaba toda con su semen.

Y en ese mismo instante, en el que gritó, me dí cuenta que no era un completo extraño el que me acababa de follar, era el chico del olor que me ponía a mil, era mi chico. El chico que a veces montaba historias como estas para mi sin que yo ni siquiera las sospechara y el que me hacía sentir toda clase de cosas y sentimientos encontrados pensando que le estaba engañando con extraños cuando era sólo él.

 

 

 

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