Lpgc, 4 de enero de 2017

LLevo días sin poder refrenar la necesidad de tiempo para mí, para hacer cosas que me dan placer: cosas tan diversas como pasear, tomar café en una terraza con un buen libro y música, comer marisco, sexo sola y en compañía, fantasear con lo que acabo de leer o con lo que quiero hacer, sesiones de belleza con baño de sales y disfrutar del roce de unas sábanas suaves y sedosas sólo con unas gotas de Cocó. Y es esto justo lo que he estado haciendo, viviendo tiempo para mi en la luz de la mañana o en la oscuridad de la noche, arañando este tiempo a mis obligaciones que estos días se me antojaban más pesadas que nunca.

Ayer fue uno de esos días que me obligó a empezar la mañana antes de que las calles estuvieran abiertas, gestiones oficiales desde primera hora que por suerte no se dilataron en el tiempo, y eso me regaló un poco de tiempo para disfrutarlo en una terraza con el qué, posiblemente, sería uno de los últimos libros en papel que volvería a leer, así que lo disfruté enormemente, con café y música; después algunas compras de rigor que dieron paso a unas compras por placer en una tienda de sexo; siempre me ha parecido entretenido y divertido visitarlas y, mirar, tocar y preguntarlo todo, y claro está, imaginar que haría con todo eso y decidir que juguete me llevaría a casa esta vez.

Lástima que a mis anteriores parejas eso les pareciera algo así como: “es pecado” o “que vergüenza“, así que hace tiempo decidí que si a ellos les salían los colores a mi no, a mi me parecía divertido cuanto menos. Muchos de vosotros no os imaginareis cuantos artilugios extraños y divertidos se pueden descubrir en esas tiendas “de lujuria”. Pero chicas ya os aviso qué, a veces encontraréis dependientes, chicos por supuesto, que casi alucinan cuando te ven entrar sola y te pones a mirar y preguntar por el género como si estuvieras en una perfumería, pero vosotras ni caso, y a lo vuestro .

La tarde me pidió ocuparme de algunas responsabilidades más y volví a regalarme más tiempo para mi. Quería acabar las cien páginas que me quedaban de “En los zapatos de Valeria“, ¿recordáis que os hablé de él?, y probar mis nuevas adquisiciones, que resultaron superar todas mis expectativas. Y no necesariamente en ese orden. Acabé el libro esta mañana.

Después de una noche de juegos con Cocó, y una mañana de lectura con Valeria; creo que pasaré la tarde zambullida en sales, cremas y geles; y puede que esta noche comparta mi cama no sólo con Cocó.

Nos seguiremos hablando mientras en mi vida siga habiendo vida. Te pienso.

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